¡¿Nos explicas un poco cómo empezaste en el mundo del caballo?
A los 4 años nos mudamos con mis padres a Inglaterra, y fue entonces cuando por primera vez me pusieron encima de un poni.
Me aficioné tanto que acabé teniendo los caballos en casa, y los vivía como cualquier adolescente debería, divirtiéndome y conviviendo con ellos las 24 horas. Fue uno de los mejores aprendizajes de mi infancia. Limpiar cuadras, dar las comidas y de paso experimentar y disfrutar. No tenía a nadie que me enseñara en esos momentos.
Hasta los 16 años fue un sin parar y me aficioné al salto. Al mudarnos a España tuve un choque de cultura equina y a los 20 años dejé de lado los caballos. Estuve 10 años desconectada de ellos, pero por circunstancias de la vida a través de una amiga que tenía caballos en su casa, regresé. De repente todo se puso en su sitio,y sabía exactamente que quería tener los caballos cerca y dedicarme profesionalmente. Suena algo típico, pero sentía que ése era mi camino.
A partir de ahí decidí hacer el Técnico y empecé a trabajar en hípicas. Después de pasarme horas enseñando bajo horarios,con estructuras tradicionales y rígidas decidí ir por mi cuenta. Siempre he sido algo anarquista, y no estaba de acuerdo con la manera que se enseñaba y se trataba a los caballos,aunque tengo fe de que eso poco a poco está cambiando.